SOBREVIVIR NO ES SUFICIENTE (y tú lo sabes)
Share
No es estrés. Es que perdiste el sentido.
Te levantas. Tomas café. Abres el correo. Respondes con emojis porque ya ni palabras te salen. "¿Cómo estás?" – "Full, pero bien". Mentira. Estás apagado. Pero funcional. Como un microondas viejo que aún calienta, pero ya ni suena.
Y nadie te dice nada, porque desde afuera "todo se ve bien".
Pero adentro… estás en modo zombi elegante: planillas al día, pero el alma vencida.
¿Sabes qué agota más que fallar? Fingir que todo importa cuando no te importa nada.
Nos vendieron la idea de que lo peor es el fracaso. Spoiler: no lo es.
Lo peor es vivir tibio. Hacer solo lo necesario. Cumplir sin brillar. Decir "sí" a todo lo que no te enciende.
Porque la mediocridad no siempre se ve como desastre. A veces, se disfraza de eficiencia. De “tener estabilidad”. Pero la pagas caro: con tu energía, tu creatividad y tu fuego interno hecho cenizas.
No estás “quemado”. Estás desnutrido de sentido.
Y eso no se arregla con días libres ni con yoga. Se arregla tomando decisiones incómodas. Se arregla preguntándote cosas que duelen:
¿En qué momento me conformé?
¿Por qué sigo en este lugar que ya no me inspira?
¿Cuándo fue la última vez que hice algo que realmente me hizo sentir vivo?
No naciste para vivir en "modo ahorro de batería"
Tu alma no vino al mundo a responder mails. Tú sabes eso.
Lo sientes cuando te despiertas con ansiedad un domingo, sabiendo que el lunes te va a chupar toda la energía aunque ni siquiera pase nada grave.
¿Y ahora qué?
No te estoy diciendo que renuncies mañana y te vayas al Himalaya a meditar. Pero sí que te despiertes.
Haz algo distinto hoy. Algo que te saque de la mediocridad disfrazada de rutina.
Porque sí: sobrevivir no es suficiente.
Y tú lo sabes.
"No estás perdido. Estás aburrido de ser alguien que no eres."